Llegaste a mí "Para mí Dulces Ángeles".
Llegaste a mí como el enigma de una mañana, mientras la brisa de tú alma desnudaba a los sauzales en invierno, en aquel invierno del mes de Agosto en que callé, callé aferrándome a tí, a tú estella de mujer, así como la última gota de rocío que batalla con el amanecer por no ser separada de su amada la noche.
Llegaste a mí sin preguntar, sin presentarte, sin decir una palabra, y anidaste en mí corazón sin que lo percibiera, así como la marea de río que crece inzondablemente por las noches, y con sus manos se elevan e irrigan tú piel; acariciando tus manos sin que lo noten tus bellos ojos, cobijando tú semblante en su espíritu, cobijando tú resplandor como las nubes lo hacen noche a noche con la suavidad de sus brazos y blancura.
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