domingo, 9 de junio de 2019

¡¡Ay Palomitas Azules!!

¡¡Ay palomitas azules, palomitas azules!! ¿A dónde están palomitas azules?
Ya ha pasado mucho desde la última vez que las vi replegarse por los cielos como un barrilete.
¡¡Ay palomitas azules, palomitas azules!! ¿A dónde están palomitas azules? Aún mis ojos esperan verlas replegar sus alas sobre el viento como un avión de papel.
¡¡Ay palomitas azules, palomitas azules!! ¿A dónde se fueron mis palomitas azules? Ya pronto será primavera, y el niño que una vez fue, que las liberó, hoy espera verlas de nuevo.

¡¡Ay palomitas azules, palomitas azules!! Solo veo palomas grises en el cielo blanco y mí corazón se desespera. Ya es verano, y el niño que una vez fue, ya es hombre y espera pronto verlas.
¡¡Ay palomitas azules, palomitas azules!! ¿A dónde se fueron mis palomitas azules? El verano está próximo y solo veo una palomita gris, y el niño que una vez fue ya es un hombre.
¡¡Ay palomitas azules, palomitas azules!! ¿A dónde se fueron mis palomitas azules? Yo muchas veces sueño y las veo volar y jugar en el cielo, pero cuando despierto no las veo, solo veo palomitas grises ¿¡¡Ay palomitas azules, palomitas azules dónde estarán ahora!!?
Pronto será invierno y todavía aún no las veo, ya no quiero ver una paloma gris solitaria, o palomas grises; yo quiero ver a mis palomitas; Yo esperaré, se que pronto vendrán mis palomitas azules para bailar en mis ojos por las nubes como cuando ayer las dejé ¿¡¡Ay palomitas azules por dónde andarán!!?

domingo, 2 de junio de 2019

Llegaste a mí "Para mí Dulces Ángeles"

Llegaste a mí "Para mí Dulces Ángeles".

Llegaste a mí como el enigma de una mañana, mientras la brisa de tú alma desnudaba a los sauzales en invierno, en aquel invierno del mes de Agosto en que callé, callé aferrándome a tí, a tú estella de mujer, así como la última gota de rocío que batalla con el amanecer por no ser separada de su amada la noche.
Llegaste a mí sin preguntar, sin presentarte, sin decir una palabra, y anidaste en mí corazón sin que lo percibiera, así como la marea de río que crece inzondablemente por las noches, y con sus manos se elevan e irrigan tú piel; acariciando tus manos sin que lo noten tus bellos ojos, cobijando tú semblante en su espíritu, cobijando tú resplandor como las nubes lo hacen noche a noche con la suavidad de sus brazos y blancura.