lunes, 24 de diciembre de 2018

"Eres"

Tú belleza encandila y opaca la luz de mis pensamientos, es por eso, que eres tan valiosa ¿con qué compararía a tú belleza? Si eres más valiosa que una montaña de diamante, donde se construyó un castillos de oro, adornado por perlas.
Tú belleza encandila y opaca la luz de mis ojos, es por eso que eres tan valiosa ¿con qué compararía a tú belleza? Si eres más valiosa que una ciudad forjada de oro refinado.
Tú belleza encandila y opaca mis recuerdos, mí pasado, mí presente, y mí futuro ¿con qué compararía a tú belleza? Si te amo tanto, que podría construir un castillos de cristal con mis lágrimas hasta la luna, para aprisionarte eternamente en el, y luego nombrarte mí Reina.
Tú belleza encandila y opaca mí existencia ¿con qué compararía a tú belleza? Si eres como un universo de amor, que implora y clama desde cada poro del infinito; el ser recorrida y reencontrada por mí piel a cada instante.
Tú belleza encandila y opaca la luz ¿con qué compararía a tú belleza? Si a veces quisiera besar tus labios tan lentamente, que al abrir mis ojos pudiera sentir la longevidad de mí alma.
Tú belleza encandila y opaca la luz de mis pensamientos, es por eso que eres tan valiosa ¿con qué compararía tú belleza? Si eres tan inalcanzable, tanto que ningún ser humano puede siquiera imaginarte, o dignarse a reflejarse en tus pupilas por un instante.
Eres tan valiosa, tan pura, tan inocente, que ningún ser humano sería merecedor de poseerte, salvo a quien Dios le obsequiare la gracia de tenerte, ya que tú hermosura se encuentra velada para el mundo, pero develada para mí, Dulces Hada.

domingo, 16 de diciembre de 2018

"Dios te creó mientras yo dormía"

Dios te creó mientras yo dormía.
Dios te creó sin embargo de mí espíritu te tomó.
Dios te creó sin embargo en mí alma ya existías.
Dios te formó, de mí cuerpo te formó, hueso de mis huesos carne de mí carne.
Dios te creó amada, Dios te creó, y yo te llamé: "Madre de todos los vivientes".

Yo desperté, desperté y te amé mí Varona.
Tú eras tan cálida, tan cálida como el Edén, tú cuerpo aún es cálido.
Tus pasos tan prontos, tan propensos, tan rápidos para amar, me amaron, tus pasos aún me aman.
Yo desperté, desperté y te amé Varona, pero tú también me amaste, ambos nos amamos, aún seguiremos amándonos  como ayer.

Eres un caudal de río dorado, igual al ónice, olías a bedelio, tú transpiración
Perfuma mí vida.
Eres río, eres mar, tú belleza rodea y conmueve a la tierra.
Eres vapor que respiras, vapor que cae en silencio como las noche aquellas interminables que no morían.
Pero eres caudal de río, eres ónice, tú cuerpo es como el Edén.

Corríamos sin cansarnos, corríamos riendo en el Edén.
Nos desvelamos tantas veces, mirando las noches tocar nuestra piel.
Recuerdo haberle puesto nombres a cada lunar de tú cuerpo, ¿cómo olvidarme de la constelación de la mujer?
Muchas las olvidé, pero otras tanto las recuerdo.

Dios te creó mientras yo dormía.
Dios te creó sin embargo en su mente ya existíamos.
Dios te creó pero yo dormía, también dormía cuando Él me creó.
Dios te creó mientras yo dormía, ahora te encuentro a mí lado, dormida día a día.

lunes, 10 de diciembre de 2018

Tú eres como el Lapacho que nace por las tardes y abraza la inmensidad con sus brazos.
Tú sombra es misteriosa como la noche, y tú belleza un secreto oculto en tí.
Tus cabellos un festival que se entretiene en medio de  las potencia de los cielos, entretejiendo sensaciones en el viento  como el candor del verano.
Tus pétalos lumínicos caen como estrellas del cielo,  besando a la tierra y estremeciendo a los pueblos que ocultos  se alimentan de tú hermosura.
Tú piel es cálida como la selva, cándida e inocente cual paloma, es por eso que en tí se albergan las aves.
Tú rostro resplandece por las tardes, pero mucho más en las cuales intentas besar al río en el horizonte, ya que por un instante te reflejas en él, y él se imagina desbordándose sobre tú piel como la lluvia que se aferra a los árboles con violencia, para evitar ser desarraigada y olvidada por el viento.
Tú aroma es un concierto sinfín de fragancias, una ráfaga  que obsequia su perfume o su función a las mañanas, para que así, ellas no se sientan abandonadas por el bosque en las noches, cuando ya no puedan respiren de tú aliento.
Tus ojos abrigan las noches en tus párpados, la entibian tus labios, la mecen tus sueños como un barco, la exhiben tus lunares como una vela, la enamoran tus colores, la guardan lo ínfimo de tu ser.
Tú cintura es un tallo perfecto que ningún hachero se atrevería a desmontar, que ningún escultor podría  realizar.
Tú cuerpo es un lienzo virginal que ningún pintor llegaría a imaginar, ya que Dios te creó, te pintó, te concibió, en el secreto de sus pensamientos.
Tú porte y belleza son incontenibles aún muchos más que un maremoto de estrellas, eres tan perfecta que ni siquiera mí mente se atreve a imaginarte.
Tú eres como el Lapacho que nace por las tardes, y yo la inmensidad que sueña con encontrarte.